Archive for agosto 8, 2006

La Tortura

“Sin embargo, las sirenas poseen un arma mucho mas terribleque el canto: su silencio”, Franz Kafka (El Silencio De Las Sirenas)

Es invierno, llueve y es de noche. Y nuestro protagonista chatea. O mejor dicho, intenta chatear.

Az es su nombre. Así podremos identificarlo mejor. Az es un tipo común, normal. La A y la Z no son casuales, no. Se deben a que él es el primero en muchas cosas y último en otras; pero no vienen al caso.

El asunto es que Az intenta chatear, esta aburrido, trabajó todo el día y quiere charlar con algún amigo. Los muñequitos del Chat están grises. Podría decirse que cadavéricos o nublados; como el día. Terminó de comer y navega en la red. Visita paginas. Los muñecos siguen grises.

Y de repente, un mensaje: xxx@hotmail.com lo ha añadido….

Instintivamente o quizás por curiosidad acepta. Mira la tarjeta de presentación y nada. No hay fotos, nombres, direcciones de url; solamente xxx@hotmail.com.

Se despliega la hoja de diálogos, un “te quiero” y nada más. Él escribe “¿quien sos?” y aparece nuevamente “te quiero”. Piensa que es una broma, alguien que el conoce y le gasta una estúpida broma.

“dale… dejate de joder… ¿quien sos?” y sólo aparece un “te quiero”.

Az sale de la conversación. Cansado, se para y va a la cocina, toma la pava y la llena de agua, prende la hornalla y la pone sobre ella. Vacía el mate en el cesto de basura y lo llena con hierba . Lista el agua, la pasa al termo. Regresa a la silla frente a la PC y la frase “te quiero” suspendida, inerte. Se ceba, lee, toma, piensa, ceba, lee, toma, sigue pensando “¿quién carajo será?”. Y se extraña por ese pensamiento, el no es de decir carajo, no. Por qué pensó en carajo. Culpa al cansancio; lee, ceba, toma, piensa.

Az se va a dormir y apaga todo. El “te quiero” se diluye en el monitor.

Otro día. Durmió mal, soñó con monitores que decían “te quiero”.

Mismo día, ya de noche. Igual situación. La PC prendida; el sentado frente al monitor navega. “Te quiero” otra vez, ahora es un muñequito que baila y dice te quiero, pero la frase es la misma.

Az repite, como si el tiempo nunca hubiese pasado, los mismos actos.

Pasan los días, se repiten los actos. Una y otra vez.

Se ríe, se enoja, pero no se olvida. El “te quiero” lo persigue en sueños. En afiches callejeros, cuando escucha a una pareja, por la calle, decirse “te quiero”.

Está cansado, confundido. Prueba borrar la dirección de correo, bloquearla. La máquina no hace caso. La frase lo tortura.

Se ríe. Recuerda la tortura oriental… La Gota.

El prisionero de guerra, el que no había pagado el tributo al emperador, el traidor al imperio, el condenado a muerte; eran condenados al martirio de la gota…

Atados y tumbados, en el piso. La gota caía con extrema suavidad, lentamente e impactaba en la frente de la victima. Pobres infelices.

Al principio un “plic” que salpica. Unos segundos más y un nuevo “plic”. Una y otra vez.

Con el correr de los días, los prisioneros preferían morir de hambre. Sus gritos de horror, traspasaban la altura de la Gran Muralla.

El agua corroe la piedra. Los cráneos son más vulnerables. Y Az se sentía igual.

La silla impactó contra el monitor. Y los vidrios cayeron y las chispas saltaron. Y Az, jadeante, abstracto, ido, se relajó. Los vecinos comenzaron a golpear las paredes, ya que su risa se escuchaba en todos los pisos.

Fue a la cocina, tomo la pava, le agregó agua, prendió la hornalla y la puso encima de ella…

Y ella. La que quedo al otro lado de la red. La que nunca puso una foto o se atrevió a decir algo mas que un “te quiero“; espera llorando, día a día, que él compre un monitor nuevo.

Mr. Bookman

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.